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Creo juegos

Juegos cooperativos

Téc. Elizabeth Bó - Lic. Oscar Kurtz

Desde varias disciplinas encontramos explicitadas las características diferenciadoras del trabajo en grupo con respecto al individual. La fuerza terapéutica, el valor democrático, la impronta socializadora, el aprendizaje participativo, son sólo ejemplos de los mensajes que promueven el trabajo grupal.

Sin embargo, en los mismos ámbitos en los que explícitamente se adhiere al trabajo solidario, los premios siempre son individuales. Frases como “que gane el mejor”, manifiestan el otro mensaje que permanentemente recibimos y reproducimos. El individualismo se encuentra camuflado en nuestro imaginario bajo sólidos argumentos de bienestar y prosperidad profesional y económica.

Rastreando en nuestros primeros comienzos socializadores podemos encontrar los juegos más frecuentes que marcaron el lugar del “otro”. En su gran mayoría, la meta final es eliminatoria. La tocada, la rayuela, las carreras, las bolitas, las figuritas, son sólo algunos.

En la dicotomía ganador-perdedor vamos incorporando la idea que es necesario excluir al otro para que el juego posea un resultado o llegue a su fin.

LOS JUEGOS COOPERATIVOS son una propuesta que intenta deconstruir la mirada individualista-competitiva para pensar juntos la construcción de una solidaria-participativa. Los jugadores establecen pautas de juego que permiten la participación de todos y la construcción de oportunidades para que el grupo en su totalidad sea quien cumpla una meta.

Porque a través de la actividad lúdica podemos incorporar diversos roles, corrernos de nuestras propias posturas y “animarnos” a intentar nuevas maneras de relacionarnos.

Ingresar a un mundo imaginado, plausible de ser construido con nuestros sueños, nuestras ideas y como resultado de la interacción con otros abre múltiples caminos a quienes se arriesgan. La instancia del juego inaugura en los participantes la posibilidad de “salirse o correrse” de sus miedos, límites y roles. El acto lúdico exige que quienes se aventuran a transitarlo lo hagan con sus emociones, sus cinco sentidos y abandonen las respuestas lógicas o “dadas” para resolver situaciones nuevas.

“En este caso, jugar no sería sólo un “medio” de comunicación, sino también un “modo” (y esto es un hecho central para los que trabajan proponiéndoles juegos a los demás). Con la excusa de un vamos a jugar, se debería dar paso a un modo particular de relacionarse, con una clave diferente, mucho más suelta, aliviada, permisiva y flexible característica de lo recreativo. Un modo – digamos – lúdico, que facilita la exploración emocionante con lo otro, poniéndose a salvo de las consecuencias traumáticas del fracaso; total – puede uno decir - estamos jugando.” (1)

1. “El modo lúdico y otros ingredientes (para pensar una didáctica del jugar)”, EF y Deportes, Revista Digital, Año 5, Nº 25, set. 2000, Bs. As.,